martes, 3 de febrero de 2009

Cuántas veces habrás cavilado sobre ésto.
Cuántas veces habremos expresado ¿cuándo? ¿cómo? ¿será así?.
Quién será mi misma fracción, que se deje llevar.

My: Despejar, despejar mi mente, sentirte gélida pero acompañada realmente ésta vez.
Sin saber que estás haciendo, cedías.
Lentamente esparcís todo y lo dejás a un lado, sin saber dónde caerá.
We: Me alejo y me atrapás, me tomás del brazo y me tirás allí, dónde siempre habrás corrompido tus ideas.
Me dejo caer, dejo que puedas manejar mis impulsos como vas a saber hacer desde aquel día.
Puedo sentir como deslizas tus intensiones en mi, puedo verte fijo mientras intentás que me pierda en mis ideas como vos.
Nos dejamos llevar.
Encontramos el escondite inmejorable, las palabras idóneas, la ficha más buscada en un juego, la llave.
La escencia. El momento insuperable.
My: Te hallé y me hallaste, como nunca.
Pudiste sentir mi piel como si fuera parte de vos, ahora.
Ahora podés arrancarla y hacer con ella lo que desees, tirarla tal vez.
Es solo un regalo...
Un regalo que ofrecí solo por dejarnos llevar.



(Sé que realizé algo erróneo, la verdadera parte siempre fue y será desde este intervalo).

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