viernes, 10 de julio de 2009
< / 3
Me pregunto.
Me pregunto si fue poco. Si las risas no alcanzaban o si quizás eran pocos los razguños a la puerta o el típico manotazo de ahogado. Por ahí un beso no compra a nadie. Por ahí un abrazo...
¿Hay algo más que no pueda comprar? Desvanecí.
Habré perdido la calma, la esperanza, las sonrisas. Ya dejé de razguñar la puerta. De ser ilusa y de ilusionarme. Pero tampoco alcanza.
¿Entonces qué?. Tengo que figurar en la guerra contra las mil personas y tragar cada uno de tus puñales para, irónicamente, ¿sanar?. No; al menos no ésta vez. Puede que detrás de mil palabras nuevas allá otras mil nuevas más; y acá en donde se pierde.
¿Cuál es la gracia de incorregir lo incorregible? ¡La gracia de seguir puliendo y tapando cada palabra, cada hecho!.
Más allá de todo, el combate sigue libre y vos seguís por más. Cautelosamente pienso; pienso que ya no puedo corregir un minuto más. Que el próximo paso puede ser profundo, o puede ser la apertura a los mil colores.
O un paso a la cordura; o a la locura extrema.
Desabastecer.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario