Escupiendo las palabras.
Todas las mañanas eran iguales.
Te observaba desde una pequeña ventana, y soñaba con tenerte en mis manos.
Depositabas cada rejunte de letras en mí, confiando cada sueño y cada ambición que lograste y quisieras lograr.
Entretanto repercuten desconfianzas, pero me terminaba amoldando.
Tus palabras distorsionaron mis sentidos, mis únicas virtudes, manipulando mis pensamientos y deborando mi persona.
Fuiste el fuego que estirpó a esa pobre y delgada rama, convirtiéndola en una llama que poco duró.
Y que tarde tempranó acabó como empezó.
Distante.
Distancia. Eso fue lo que pasó.
Esa fue la tinta que de a poco se derramó.
La piedra en la vía del tren que probocó su descarrilamiento.
La excusa.
La manera de encubrir todo un poco más.
Tu manera de perderte sin saberlo.
Puedo ver tus ojos buscando una luz, esa pequeña sonrisa que provoca una irradiación en tu cara, que afecta y ablanda al primero que pasa.
Esos ojos que conmueven, y esos gestos que poseen gran supremacía.
Sé lo que pensás.
Crees que podés hacerlo todo ¿no?.
Cómo trastocás mi andar;
TANTO-TANTO que
puedo sentir cómo influye el peso de tu indiferencia
sobre mis pies...
Y de a poco desapareces sin dejar huella.
Tu historial de personas mágicamente a desaparecido, y como si fuera producto de un accidente, te olvidaste todo.
Dejaste pasar, una persona más.
No creo que afecte, asumo que ya es costumbre.
Nunca volverás a creer.
Nunca volverás a confiar.
Nunca volveremos a ser aquellas personas que algún día fueron.
Los recuerdos perduran en alguna caja que alguna persona tiene guardada.
Pero ya no, ya no más.
Cerraron el libro para no dejarme nunca más escribir.
Cerraron mi pequeña vida impidiendome ver, y recordar lo que pasó.
Y me lo tiraron al mar, en donde hoja por hoja se fue consumiendo.
Y desaparecieron, como nosotras lo hicimos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario