viernes, 18 de abril de 2008


Una de las cosas más hermosas que me puede hacer sentir muy bien (o muy mal) es salir, en esa hora que por ahora no tengo en cuenta, en esa estación que diviso muy poco (no sabría decir si es invierno u otoño) en donde el sol es el reflejo de todo, es el que está por delante de todo. El que nos mira y observa desde muchos ángulos, el único que puede tener la certeza de lo que pueden estar haciendo tantas personas que yo quisiera saber. Con mis manos en los bolsillos, caminando... ¿Rumbo fijo? Con un par de auriculares en mis oídos y escuchando ciertas melodías que no se olvidan. Respirando un aire húmedo, frío... Y largando esa especie de bruma por mi boca, producto de ese frío inminente que me alienta más, y más, y más. Ojalá pudiera ser el sol un día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario